Siempre, desde que empezó la controversia gobierno – UAS, en el marco de la armonización de la ley de educación, donde a los diputados de MORENA y el PRI “se les fue la mano” pretendiendo reformar la ley orgánica de la UAS y violentar su autonomía, comentamos que se trastocaba lo más elemental del procedimiento legislativo y de lo que aconseja una controversia política: El diálogo.
Este episodio fue otro tanto más de los que ha provocado el gobierno del estado en aras de denostar y defenestrar a Héctor Melesio Cuén y al PAS, tanto de la vida política sinaloense como también de sus roles en la UAS, como una conducta que raya ya en la obsesión y que produce choques y golpes inexplicables para la sociedad y un afán personal contra el liderazgo social de Cuén que hasta resulta absurda.
Ahora, esta práctica muy rápido fue escalando en la sociedad sinaloense, donde las formas de la civilidad y el trato cortés de inmediato se rebasó, lo que pronto despidió un olor a pólvora y que nada bueno podría acarrear esa confrontación.
Poco a poco, las partes se fueron atrincherando y los ciudadanos tomando partido, tanto que la UAS muy rápido concitó el respaldo que rebasó las fronteras, al grado que para el día que el Consejo Universitario de la UAS convocó a la movilización universitaria del día 28, ya 30 universidades y siete sindicatos habían manifestado su apoyo.
Este rápido incendio de la pradera política de Sinaloa encendió los focos rojos en el gobierno, muy probablemente incentivados por la visita programada para el sábado 1 de abril a Sinaloa del presidente López Obrador, lo que provocó una reunión de emergencia en la Secretaría de Gobernación, que tuvo como resultado la suspensión de la marcha de la UAS y la instalación de una mesa de diálogo entre la UAS, congreso y gobierno del estado para discutir la ley de educación de Sinaloa.
Con lo que debió empezar todo, hasta ahora se hace, pero obviamente ya no con las mismas condiciones si desde un principio se hubiera procedido por el gobierno con esta sana medida.
No se hizo y ahora el diálogo empieza con factores adversos que es menester resolver para allanar los estados de ánimo y dar a los actores de la mesa de diálogo condiciones óptimas de trabajo.
El primer paso será desmantelar las trincheras que se construyeron, armonizar un discurso de trabajo y cooperación en aras de construir los puentes de diálogo y los acuerdos.
Porque seguir definiendo ganadores y perdedores no va a ayudar a nadie, se trata de acuerdos de consenso, donde todos sean capaces de ceder y unir esfuerzos, por supuesto en la medida de lo posible.
Lo recomendable es que se utilice el viejo método de separar acuerdos y diferencias, para salvar primero todo lo que no tiene discusión y luego dar el espacio a las controversias.
De mi parte yo siempre he pensado que construir acuerdos lo más temprano posible es lo más sano, porque agudizar los conflictos es entrar en un tobogán que quién sabe en qué terminará. Ojalá y concluya satisfactoriamente y rápido.