Otra vez se reunieron aquí en Culiacán, la semana pasada, diputados de Durango, Chihuahua y Sinaloa para discutir no solo el cambio de nombre de “El Triángulo Dorado”, por la ocurrencia del presidente López Obrador de llamarle “El Triángulo de la Bondad”, como una retórica de las que acostumbra, para enredar incautos o interesados en un cuento más de transformación para esa región de la sierra que tiene un siglo esperando, de donde nada saldrá como no sea otra desilusión más.
Los únicos personajes en estos últimos cien años que han logrado algunos cambios en esa región han sido Don Alfonso G. Calderón, con su “Plan de los Altos” en 1974 – 1980, el Ing. José Antonio Malacón Díaz con su proyecto nacional de educación para regiones marginadas y que solo concretó en la región de Surutato, El Triguito y La Mesa de Fierro con el Centro de Estudios Benito Juárez de Surutato (CEJUS) para educar y capacitar a los jóvenes, y por último el desvío de inversión afortunado de MALOVA que construyó la carretera Badiraguato – Surutato, convertido hoy en un gran centro turístico.
En general la sierra de Sinaloa hasta el gobierno de Luis Echeverría aún tuvo impulsos de gran inversión después de las grandes presas hidroeléctricas y distritos de riego, como fueron los primeros tramos de las carreteras Choix – Chihuahua y Badiraguato – Parral, con un pequeño esbozo (el proyecto y una pequeña obra fue todo) de la carretera directa Mazatlán – Durango, pero desde entonces se acabaron las grandes ideas para Sinaloa de salir a conquistar el este y el norte del país, así como el sur de Estados Unidos, dándole de esa forma perspectivas a los sierreños de los diez municipios alteños de incursionar a otras regiones y no solo la costa del estado.
Hoy, en el gobierno de López Obrador, como no fueran los banderazos de reinicio de la carretera Badiraguato – Parral y el saludo a la mamá de Joaquín Guzmán, no hay avances en las obras y continuarán esas carreteras como hace 60 años, cuando fueron inauguradas.
Los diputados que se reunieron en Culiacán el jueves 25 de agosto, acordaron cuatro puntos insustanciales lamentablemente, sin nada concreto que nos dijera “tal día, en tal lugar y con una inversión de tanto haremos esto”, nada, pura retórica, vaya ni tan siquiera se acordaron de las dos universidades para la sierra que construiría el gobierno de AMLO y que ninguno de los dos ha empezado, por cierto, una en Badiraguato.
Lo primero que se debiera hacer es reconocer un hecho para afrontar el problema. En nuestra sierra habitan alrededor de 200 mil sinaloenses y muchos de ellos con doble y triple residencia, ya sea en la costa, en otros estados o en los Estados Unidos, donde haya trabajo, porque en la sierra no hay, como no sean economías de subsistencia o los escasos centros mineros.
Hay regiones del país con experiencia ante problemas similares y los han enfrentado exitosamente, como el caso de Chiapas, Oaxaca, y en menor medida Guerrero, de donde los diputados podrían abrevar, elaborar un buen proyecto y trabajar sin tantos aspavientos que suena a demagogia y “quedar bien” con el presidente.
Es más, pueden “quedar bien” con el presidente, pero trabajando al revés: Sin tanta parafernalia, más hechos y algunos resultados. Por ejemplo, por qué no retoman el proyecto de agricultura protegida que intentó el gobierno de MALOVA o el desarrollo aguacatero, precisamente en “El Triángulo Dorado”