El pasado sábado 31 de agosto, el PRD celebró su Congreso Nacional extraordinario, donde trazó su ruta a lo que será su punto final: Otro Congreso Extraordinario el próximo diciembre. Allí el PRD decidirá qué hacer, si funda o no “Futuro 21” y si es capaz de darle coherencia a un discurso que enfrente al gobierno de AMLO y proponga un proyecto de gobierno que ponga fin al régimen presidencialista.
Diciembre parece mucho tiempo, sin embargo no son más que tres meses de aquí entonces, en los que el PRD tiene que construir un liderazgo nacional, individual y colectivo, capaz de un discurso que confronte con el gobierno lopezobradorista y una organización de alta resistencia que aguante la contraofensiva de MORENA, al mismo tiempo que atraiga a otras fuerzas para tales propósitos.
¿Qué otra salida puede tener el PRD? La otra posibilidad sería la organización de una Corriente Nacional de pensamiento crítico y alternativo al lopezobradorismo, tan profunda que sea capaz de aglutinar fuerzas y personajes disímbolos que piensen y actúen antes que nada, en un proyecto de nación y un plan de gobierno, de tal forma que pretenda convertirse primero en conciencia social y luego en gobierno.
Estas son las dos alternativas viables que el PRD tiene en puerta, porque la tercera no existe. La primera ser un partido político electoral que pretenda derrotar a MORENA y sus huestes. La otra consiste en una ruta más lenta y laboriosa, que no viva de las coyunturas electorales y se convierta en un ente cultural que convenza a propios y extraños de lo que se debe cambiar en el país y lo nuevo a construir.
Hay quienes piensan que existe la alternativa intermedia y que se puede fundar un partido electoral y al mismo tiempo en proyecto cultural y político, donde se mezclen y funden en un solo cuerpo, cuestión que sería algo inédito en el país cuando eso jamás ha existido. O se ha sido una cosa o la otra, pero nunca las dos al mismo tiempo.
En lo personal, soy más de la idea de trabajar a mediano plazo (al 2024, por ejemplo) para elaborar un proyecto programático y de gobierno, que esté sólidamente fundado que resista los embates de los intereses electorales y de gobierno.
Por una razón muy sencilla: Porque vivimos una crisis de régimen político, de sistema de partidos, de partidos y de liderazgos políticos, una crisis tan profunda y extensa en donde nada ni nadie se salva por ahora, que si quiere tener futuro y ser capaz de algo nuevo tiene que ser muy sólido.
El PRD y “Futuro 21” seguramente se van a preguntar ¿Y eso cómo se hace? Pues diré: Como todo, con tiempo y paciencia.