La (peligrosa) desesperación del gobierno

    No es bueno lo que ha decidido el gobierno de AMLO al liquidar los 109 fideicomisos que borró de un plumazo legislativo el viernes pasado, tanto por lo que representan los fideicomisos como instrumentos financieros para múltiples requerimientos, que es la sociedad civil quien las ejecuta y a veces administra, como por lo que refleja la acción con los propósitos declarados que sustentaron con esta acción, justificándose en la pandemia, que es peor todavía.

    Todo el enmascaramiento de las iniciativas, como la cancelación de los fideicomisos y la famosa consulta, son el reflejo de una enorme desesperación del gobierno de la República para salir de sus aprietos económicos, pretendiendo ignorar que nos hemos adentrado ya en un nuevo periodo histórico en el que muchas cosas tienen que cambiar y que el próximo todo volverá a ser normal.

    Esa visión inmediatista, cortoplacista y auspiciada por el dogmatismo de que la 4T no se puede detener y mucho menos suspender, cuando en todo el mundo, en todos los países, están ocurriendo cambios profundos producto de intensos y prolongados debates, precisamente porque ya se vive una crisis mundial, que ha abierto un periodo prolongado que puede ser de hasta una década como lo afirmó el ex presidente del Banco de México, Agustín Carstens.

    Las necesidades van a seguir en aumento y los recursos cada vez serán menos, como en 1918, cuando estalló la pandemia de la peste española que mató a 50 millones de personas, se acuño la frase “ya no alcanzan los vivos para enterrar a los muertos”, así seguirá ocurriendo y cada semana que pasa será peor.

    El gobierno de AMLO no debiera desesperarse y buscar la comunicación, el diálogo, el encuentro y la búsqueda de soluciones a todo entre todos, porque al paso que va, apretando al que se le atraviese y atropellando al que se le resista, puede ser tan contraproducente que termine rodeado, acosado y probablemente atacado por todos lados.

    Necesariamente los programas y las obras monumentales e insignias del gobierno de AMLO deben revisarse, quizá no para cancelarlas, sino para posponerlas para producir oxígeno financiero que permita contener la debacle económica y relanzarla en el nuevo contexto.

    No se puede seguir en el autoengaño, como ocurrió con el “nuevo plan de inversiones” que apenas llegó al 1% del PIB (300 mil millones de pesos), con obras ya programadas desde noviembre del 2019, con obras con contratos público privados con empresas mundiales como el tren México – Querétaro, inversiones que deberá avalar Estados Unidos, donde no intervenga ningún competidor mundial como sería el caso de China, que ya ocurrió con ese tren México – Querétaro que boicoteó la presidencia de Obama obligando al gobierno de Peña Nieto a cancelar la obra y pagar 3 mil millones de dólares de indemnización.

    En tiempos difíciles siempre la prudencia es lo más razonable y este debe ser el objetivo inmediato: Razonar.

    El gobierno de AMLO debe hacer un “alto en el camino”, reformular su 4T y dotar al país de otra perspectiva que ahora se antoja como un tren sin frenos. Ojalá.

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