Gobierno se olvida de las víctimas INOCENTES asesinadas el “Jueves Negro”

La historia de la familia de José Nicolás, es el caso ejemplo de cómo las víctimas colaterales del terror que se vivió el 17 de octubre pasado en Culiacán, en el llamado "Culiacanazo", quedaron en el desamparo.

Culiacán, Sinaloa.- Es parte de la estadística. Pero aún más triste: es parte del dolor y de la impotencia que causa la violencia. Es parte de las cifras de las que nadie habla, de las que parece ninguna autoridad se acuerda. De las que nunca nadie les hizo homenaje.

José Nicolás, a sus 6 años, es huérfano por la violencia.

Tendrá que seguir aprendiendo a crecer sin un padre. A sus 6 años poco entiende de lo que le pasó el 17 de octubre del año pasado en Culiacán, cuando su papá, hombre de 31 años de oficio carpintero, murió abatido por balas asesinas en medio del fatídico “Jueves Negro”; el día que el crimen organizado demostró su poderío, y que fue capaz de desestabilizar la ciudad en minutos, ante una incapacidad probada de las policías y fuerzas militares.

Fue el día en que había sido detenido en un operativo de alta secrecía, Ovidio Guzmán López, hijo del “Chapo” Guzmán, y el día en que las fuerzas federales lo liberaron tras los atentados que empezaron a suceder en las calles, desatando el terror y los reflectores internacionales hacia Culiacán.

Durante esta entrevista con ReflectoresMX, José Nicolás, como también se llamaba su padre, demuestra una evidente necesidad de cariño, de una figura paterna. Es distraído; habla solo. Tiene una mirada distraída. A veces despierta llorando.

Verónica Ruiz, su madre, es viuda de José Nicolás, aquel carpintero que murió asesinado cuando la tarde del 17 de octubre se desató el “terror” o el “Culiacanazo”. Se cree, porque la FGR no ha querido dar detalles de las víctimas inocentes, que José Nicolás y su compañero de trabajo, Jorge Arturo, quedaron ‘atrapados’ en los enfrentamientos, cuando venían del Centro de Ciencias de Sinaloa, en donde estaban trabajando.

José Ignacio+ aparece con Verónica y su hijo Ignacio Jr.

Verónica narra, que su suegro, el señor Ignacio, al saber de lo que pasaba en la ciudad salió a buscar a su hijo, desesperado. Nadie sabía nada de él y no respondía al teléfono. “Le dije (a mi suegro) por ahí a de estar escondido”, recuerda que le dijo por la línea.

Pasados los minutos y que para Verónica parecieron horas, mientras su suegro buscaba en el bulevar Enrique Sánchez Alonso, cerca la Fiscalía estatal, entonces halló a su hijo. Estaba asesinado. Estaba tirado a un lado de esa vieja camioneta Nissan de la empresa DIMSA para la que trabajaba y que quedó estacionada cerca de un negocio de mariscos.

Los cuerpos de José Nicolás y Jorge Arturo fueron encontrados abatidos a un lado de la camioneta de trabajo. Se cree que quedaron atrapados en la lluvia de balas.

-Se han dicho muchas cosas… ¿Usted tiene claro si a su esposo lo mataron en el fuego cruzado, o bien los militares lo mataron por equivocación?, se le pregunta.

“No lo sé, no estoy segura”, responde.

La doble pena.

Después de lo sucedido, y cuando el Gobierno estatal y federal hicieron un recuento de los daños, citaron a la señora en Palacio de Gobierno, quien, además de haber perdido a su esposo, padece de Lupus y artritis reumatoide. La Subsecretaría de Gobierno le prometió apoyo económico.

La víctima y viuda narra que la ayuda fue a cuenta gotas y sólo por dos meses, consistente en 2 mil pesos por semana.

Se lo prometieron en el segundo piso por instrucciones del subsecretario de Gobierno, José Joel Bouciéguez Lizárraga. El aún director de Gobierno, Julio César Romanillo Montoya, habló con ella y le dijo que el Gobierno ayudaría a las víctimas. Que había la instrucción. Le informó se le depositaría recursos para evitar viniera desde Mazatlán. No sólo eso, sino que le anunció que le ayudaría con un terreno.

Pero sólo pasaba el tiempo y al Gobierno del estado y sus funcionarios, se les olvidaba la ayuda.

VIDEO, EL DÍA DE LOS ENFRENTAMIENTOS:

En ocasiones, cuando acudía a las oficinas, la hacían esperar horas, mientras ella sorteaba el hambre porque dinero no tenía.

Hasta antes de la tragedia, Verónica y sus cuatro hijos vivían en Culiacán. Tras los hechos ella y sus pequeños de José Ignacio, Ángel Alexis, Estrella Nicole y Kitzia Guadalupe se tuvieron que regresar a Mazatlán donde estaban su abuelitos. No había nada que hacer en Culiacán, y quedarse era peor para el recuerdo.

Desde allá Verónica regresaba a Culiacán y se trasladaba al Palacio de Gobierno donde nada más los funcionarios se le escondían. “Ya después me decía que me marcarían y no me hablaban. Hasta la fecha los sigo esperando la llamada”, confiesa.

Denuncia que desde hace 9 meses ella no recibe ninguna ayuda, por lo que le ha quedado más que aguantar la pena, y tratar de sacar cómo pueda a sus cuatro hijos, pues su enfermedad y condición no le ha dado mucha posibilidad de trabajar.

Ese Jueves Negro murieron al menos 13 personas durante los hechos; muchos de ellos civiles inocentes, víctimas colaterales de las balas. Muchos más recibieron disparos en el cuerpo y quedaron marcados para toda la vida. Los que más suerte tuvieron, vivieron un terror mientras estaban en restaurantes del Desarrollo Urbano Tres Ríos. Otros más corrieron despavoridos al quedar atrapados en el tráfico.

La Fiscalía General del Estado, hasta antes de enviar las investigaciones a la Fiscalía General de la República, recibió 54 denuncias por robo de vehículos y daños a comercios. Todos por los mismos hechos.

“Se registró también una carpeta de investigación relacionada con 4 personas lesionadas, además de 54 denuncias por el delito de robo de vehículo, ilícitos relacionados con los eventos del 17 de octubre de 2019”, citó la FGE.

El día de los hechos el Ministerio Público del fuero común recibió 15 denuncias; 14 de ellas eran porque sus carros había recibido balazos y 1 una fue de un local comercial. También se recibieron 4 denuncias por el delito de robo.

Los medios reportaron al menos 19 bloqueos, 14 enfrentamientos, quema de camiones urbanos en la vía pública y el uso de potentes armas largas como calibre .50 mm. Convoys de gente armada por todos lados. Parecía la guerra.

El terror en Culiacán. Foto: Noroeste

Mientras termina esta entrevista, el pequeño Nicolás, hermano de tres más, piensa que su papá sigue dormido. Cree que algún día regresara. Eso le repite a su mamá en las noches, cuando de pronto extraña no ver a su papá que lo llamaba el “nene”

¿Quieres ayudar a esta familia?

Puedes hacerlo con depósitos voluntarios.

Número de tarjeta: 4766 8406 4196 7398

Banco: BANAMEX

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